lunes, 25 de agosto de 2014

Hitler: daños colaterales en mi familia


  Hitler: daños colaterales en mi familia….  por Kurt Schleicher Tafel

  ¿Por qué escribo este artículo? Pues por una serie de casualidades y coincidencias.

  Empecemos por el principio. Este verano he asistido a una macro-reunión familiar que celebramos los miembros de mi familia materna – los Tafel- cada dos años, una vez en América y la siguiente en Europa. Esto se debe a que en Estados Unidos hay varios “asentamientos” de Tafel´s, descendientes de algunos que emigraron como otros muchos a ése país. No creo que haya muchos cow-boys entre ellos, ya que la mayoría se quedaron por el Este (Pensilvania en particular y otros se fueron a Canadá).

   Este año la reunión se celebró en Liverpool, cuna de los Beatles e iconos de la ciudad (por cierto, que me sorprendió por su buen ambiente, lejos del prototipo de una ciudad portuaria). Allí vive parte de nuestra “rama británica”, aparte de la alemana –la más numerosa y origen de la familia- y la italiana. Yo soy el único español.   En el acto tuvimos un invitado especial, ya muy mayor, escritor, que nos habló de su abuela –Julie Tafel -a la que llegó a conocer al celebrar su 90 cumpleaños en 1932; ésta a su vez era también abuela de un primo segundo mío, que fue un afamado teólogo, mártir y víctima de Hitler. Yo ya había oído algo de esto en términos generales (mi madre me habló de él), pero poco más sabía. Da la casualidad que entre los asistentes al encuentro de Liverpool, yo era el único que pertenecía a la misma rama de la familia de Julie, es decir, los que tenemos un tatarabuelo común frente a otras tres ramas diferentes. El primer Tafel desde el que se hace el seguimiento es de 1612, disponiendo de un árbol genealógico completo de las 4 ramas desde 1796.

                                                              Julie Tafel (1842-1936), hermana de mi tatarabuelo


  La conferencia trató de esta tía-abuela mía, muy longeva, que ya en sus últimos años se enfrentó en cierta forma a Hitler con ocasión del boicot que se hizo a los judíos en el año 1933, oponiéndose públicamente a él, poco después de hacerse Hitler con el poder en enero de aquél año. Dados los muchos años que ya tenía entonces -91- debieron de respetarla, pero me resulta simpática su imagen de viejecita incordiante plantada ante las tiendas judías  blandiendo su paraguas y haciendo lobbying para que la gente siguiera comprando en ellas, en contra de la voluntad del nuevo gobernante. Debe de haber sido una abuela con mucho carácter…

   Me pidieron en el encuentro que si poseía fotos de mis abuelos que las difundiera y también me propusieron que escribiese algo de mi rama familiar, cosa que acabo prácticamente de terminar para el blog familiar. Al investigar un poco más a fondo, he descubierto que víctimas de Hitler en mi familia, entre ahorcados y fusilados, había unos cuantos más de lo que yo mismo sabía, quién sabe si influidos por aquella abuela en el entorno familiar; de hecho, se manifestaron en contra de Hitler y/o incluso participaron directamente en conspiraciones contra él, cosa que terminó costándoles la vida. Pero no nos adelantemos.

   Aparte de esto, yo ya conocía de hecho la historia de mis abuelos maternos directos, que por causa de un decreto de Hitler en 1940 se vieron forzados a volver desde Italia a Alemania en plena guerra, lo que al final les terminó costando la vida a ambos.

   De aquí sale el título de “Daños colaterales de Hitler” en mi familia.

  ¿Podría haber sido la historia diferente de lo que fue? ¿Qué hizo que se “torciera” todo?

  Pasemos de puntillas por encima de la historia alemana desde el final de la IWW y el tratado de Versalles, con una Alemania vencida y controlada, aunque con la democracia vigente en las sucesivas repúblicas de Weimar. Imperaba la resignación y los deseos de mantener una normalidad institucional, lo que estaba en pugna con la inestabilidad inherente a aquellas repúblicas y más teniendo en cuenta las deudas de la guerra acumuladas que había que pagar, que contribuían en gran medida a esta inestabilidad. El momento clave fue en Enero de 1923: a la vista de los retrasos en los pagos de la deuda, Francia decidió ocupar la cuenca industrial del Ruhr como represalia, con graves consecuencias para la naciente economía alemana. El canciller alemán Stresemann decidió contemporizar y declarar el estado de emergencia (por si acaso) dejando el poder en manos militares centrales. Esto colmó el vaso del gobierno autónomo de Baviera, la “Cataluña alemana”, declarando igualmente el estado de emergencia y poniendo a su propio general al mando enfrentándose al poder central. Hitler ya era entonces el líder del partido nazi con sus “camisas pardas”, embrión de las futuras SA y SS, dentro del ámbito regional bávaro, por supuesto. Ya entonces tenía la intención de iniciar un levantamiento o golpe de estado contra el gobierno central. Cuando entrevió que la salida de la crisis sería, o bien por capitulación del gobierno bávaro o bien por declaración de independencia bávara, decidió que lo mejor era iniciar la revolución ya mismo dando un golpe de estado (bávaro) y formar gobierno nuevo, con él a la cabeza y con la ayuda de un veterano general (Ludendorff). Fue el famoso “putsch” de la cervecería de Munich, que le salió mal y fue encarcelado.

   Es curioso que este hecho no hizo sino lograr que el hasta entonces desconocido Hitler dejara de serlo y encima le diese la oportunidad de poner en orden sus ideas escribiendo en la –dorada – prisión su famoso libro Mein Kampf, que le dejaría pingües beneficios a lo largo de su vida, pues el libro se vendió muy bien y dio alas a sus ideas de revanchismo y “renacimiento” del espíritu alemán en muchas candorosas mentes. Ya se le veía el plumero preconizando que el nacionalsocialismo alemán (o sea, él) debería ser “el amo del mundo”, a base de destruir Francia y cargarse la democracia allá donde estuviera, expandiéndose tanto al este como al oeste para lograr su “espacio vital alemán”, al tiempo que depuraría la raza aria expulsando a todos los demás, empezando por sus odiados judíos. O sea, que ya en 1924 cuando salió de la cárcel, dejaba claras sus intenciones, que al fin y a la postre originaron la IIWW.

   Sin embargo, todo eso levantó también muchas suspicacias y el partido nazi fue perdiendo popularidad hasta un nuevo hito histórico: la Gran Depresión de 1929, que se cebó especialmente en la débil Alemania. Recuerdo que mis padres me contaban que en aquella época se empapelaban las paredes con billetes de banco, los antiguos marcos, que perdieron todo su valor y salía más barato hacerlo así que comprar papel para ello…

   Hitler había aprendido la lección; luchar contra el gobierno a base de golpes de estado no parecía dar resultado y decidió que era mejor disfrazarse de cordero y armarse de paciencia; a río revuelto (crisis), ganancia de pescadores… Tras seis años de luchas internas, había conseguido hacerse con el control del partido nazi y sus ideas cayeron en campo abonado tras los devastadores efectos en la economía alemana tras la Depresión.

               Relación biunívoca entre la Depresión del 1929 y votos al partido nazi


    1930. El presidente de Alemania era entonces el ya anciano Hindenburg, quien nombró canciller a un economista, Brüning, a ver si solucionaba la crisis económica. Pero sus estilos eran bien diferentes: Hindenburg gobernaba a base de decretazos y Brüning era un demócrata convencido y convocó elecciones generales en 1930. Sorpresa: los nazis resultaron como segunda fuerza política incluso por delante de los comunistas (eso me recuerda ciertas elecciones francesas recientes, por cierto…). Hitler aprovechó su “momentum” y fue ganando apoyos entre los militares y hasta en los poderes fácticos de la economía, con sus promesas de resolver la crisis “de un plumazo”. Hindenburg (que despreciaba a Hitler) y Brüning no lograron acuerdos con Hitler y se proclamaron nuevas elecciones en 1932. Otra sorpresa: Hindenburg ganó ampliamente. Razón: que dentro del partido nazi las fuerzas también estaban divididas entre Adolf Hitler y Gregor Strasser, facción más “moderada” dentro de los nazis y al que Hitler odiaba. Brüning preconizaba la vuelta a una monarquía parlamentaria al estilo inglés, lo que le enfrentó a Hindenburg. Aquí intervino el general Kurt Von Schleicher (¡coincidencia de nombre y apellidos!), amigo de Hindenburg, quien ya estaba viendo las orejas al lobo nazi, logrando que se nombrase canciller a una figura política respetada (Von Papen) y evitar así que Hitler lograse una eventual mayoría. Aquél convocó nuevas elecciones en el mismo año 1932, logrando que los nazis perdieran votos, pero sin poder evitar que se alzaran como primera fuerza política. Schleicher se ofreció a Hindenburg prometiendo dividir al partido nazi si le nombraba canciller deponiendo a Von Papen, que no había conseguido seguimientos suficientes; la idea era ofrecer la vicecancillería junto con él al “enemigo” de Hitler, Strasser, mejor aceptado parlamentariamente. La idea no era mala (“si no puedes con tu enemigo, alíate con él” o “divide y vencerás”). Así se hizo: Hindenburg echó a Von Papen y nombró Canciller a mi tocayo Schleicher. Éste no perdió el tiempo y se puso en contacto con Strasser, logrando su objetivo y que éste ganase en popularidad frente a Hitler, tanto es así, que se cuenta que Hitler amenazó hasta con suicidarse. ¡Qué momento más bueno para haberse cargado a “la bestia”, como ya se conocía a Hitler! Pero a Strasser no se le ocurrió otra mejor idea que irse de vacaciones, esperando ser llamado a su vuelta a liderar el partido y ser vicecanciller. Hitler se aprovechó, maniobró y colocó en puestos claves del partido a sus simpatizantes, echando a los otros, haciéndose con el control “de facto” tras convocar una “Jura de fidelidad” en Berlín. Strasser desapareció del mapa político.

    Gregor Strasser          





                         
   Kurt von Schleicher, último canciller de Alemania antes de Hitler. (Imagino que se trata solamente de una coincidencia de nombre y apellidos, pero en fin, tocayo doble sí que lo es al menos).

 

   Hitler, ya envalentonado, exigió ser Canciller sin más historias, tras ganarse incluso al hijo de Hindenburg y haciendo que su padre flaqueara. Encima, Von Papen, aún escocido con Schleicher por haber conseguido que le echaran de canciller, se puso de acuerdo con Hitler y engañó a Hindenburg con promesas de que podría controlar “a la bestia” si formaba gobierno con él, pues estaría en minoría. Hindenburg finalmente se dejó convencer, Schleicher tuvo que renunciar y se nombró nuevo Canciller al propio Hitler, con Von Papen de vicecanciller. Era el 30 Enero de 1933. La bestia ya estaba al frente del gobierno junto a un anciano presidente Hindenburg, al que le quedaban sólo un par de telediarios.

              Hitler, con Goering y Von Papen, estrenándose como canciller en 1933.


    Ya estaba la zorra en el gallinero. Se vistió de cordero, hizo ver que se subordinaba a Hindenburg y engañó a Von Papen. Dos meses más tarde se incendió el Reichstag y Hitler se dedicó a sembrar cizaña, ofreciendo a sus “camisas pardas” (que ya superaban en número al propio ejército) para castigar a los culpables (nunca se supo si fue en realidad una maniobra urdida por el propio Hitler). Consiguió engañar de nuevo a Hindenburg, logrando que firmase una ley que dotaba a Hitler de todos los poderes legislativos, eso sí, manteniendo a aquél con  los derechos de la presidencia incólumes.

   Con ley en la mano, se cargó a todos los gobiernos regionales de un plumazo y nombró en su lugar a gobernadores convenientemente controlados por él. ¡Ya era “una” Alemania!



                      Hitler y Hindenburg en la celebración del 1 de Mayo de 1933. Las caras de ambos son un poema: Hitler      exultante y Hindenburg alicaído. Al día siguiente, Hitler se cargó a todos los sindicatos y después prohibió todas las huelgas.

 
   Si se le veía venir: en Abril de 1933 ya había promulgado el decreto de boicot a las tiendas y posesiones judías. (Recordar la oposición de mi tía-abuela). Es curioso mencionar que este decreto afectó seriamente a un tal Albert Einstein, que ya había salido por pies de Alemania un par de meses antes, a la vista de los prolegómenos. ¿Qué habría pasado si se hubiese quedado?

    Von Papen seguía de vicecanciller, pero ya era una marioneta. En Julio de 1934 se aprobó la Ley del Partido Único (el nazi, naturalmente) y sin dificultades parlamentarias.

   Alemania ya era una Dictadura y el lobo comenzó a quitarse la piel de cordero.

   De forma inmediata, en el mismo mes de  Julio y ya con las manos libres y arremangado, Hitler se encargó de “purgar” a todos sus declarados enemigos en la famosa “noche de los cuchillos largos” quitándolos sencillamente de en medio con sus SS y la recién creada Gestapo. Más bien se debiera haber llamado la “noche de la venganza”, pues los asesinados fueron, entre otros, los líderes de las SA que se opusieron a él, su enemigo particular en su propio partido Gregor Strasser, el antiguo canciller Kurt von Schleicher, al que se lo cargó junto a su esposa y  Ernst Jung, colaborador directo de Von Papen; éste último se libró de milagro.

   Llegados a este punto, ya entramos en la época del ascenso del tercer Reich. Hitler, con las manos libres y suficientes apoyos financieros, cumplió con lo que había prometido, pero bajo unas condiciones muy curiosas, como entre otras, aumentar los puestos de trabajo masculinos a costa de los femeninos, alegando que “las mujeres debían ser solamente amas de casa”. Se generó empleo y una moderada inflación, pero logró industrializar el país y mejorar de forma asombrosa su infraestructura. Eso le valió la credibilidad de muchos alemanes, consiguiendo su apoyo. A esto le siguió el rearme militar, incrementando en 600000 soldados al ejército de una tacada.

  En 1938 dio comienzo a lo que ya avanzó muchos años antes (¡!): su política expansiva. Empezó por el Este, aparentemente más fácil; se anexionó Austria, se quedó con los Sudetes (zona de habla alemana en Checoeslovaquia) y entró con su ejército en Praga conquistando el país de paso. Luego pretendió repartirse Polonia con Rusia tras un pacto con los soviéticos. A la vista de los éxitos y acuciado por las prisas, decidió invadir Polonia sin esperar más, lo que ya colmó el vaso de la paciencia de Francia e Inglaterra, declarándose la guerra en Septiembre de 1939.

    Aquí cierro el ciclo histórico antes de la IIWW, pues está claro que hubo muchas oportunidades para evitarla, ¡más aún conociendo las intenciones de Hitler desde muchos años antes!

   Está claro que no todos los alemanes estaban a favor del dictador que les había llevado a un callejón sin salida, aunque en aquella época y con los éxitos iniciales de la guerra, muchos se habrán dicho eso de que “vamos a ver qué pasa; este cabrón parece que cumple todo lo que dice y a lo mejor seremos los amos del  mundo de verdad…” Ciertamente se crearon varios núcleos secretos de oposición, aunque esto cogió mayor fuerza a medida que la guerra iba cambiando de signo.

    El más conocido fue la Abwehr, organización de inteligencia existente desde los años 20, cuya tapadera fue después el propio contraespionaje nazi, al mando del almirante Canaris desde 1935. Canaris inició actividades de oposición a Hitler en secreto tras iniciarse la guerra. Militares de prestigio, como Erwin Rommel o Klaus von Stauffemberg, también se unieron a ella posteriormente.

                                               Almirante Canaris, jefe de la Abwehr

  Canaris fue un personaje muy peculiar que merece un estudio más detallado, pero no lo puedo hacer aquí. Experiencia en combate en la Marina en la IWW, juventud en Chile dominando el español y grandes dotes de diplomático. A su vuelta a Alemania, llega a almirante y debuta en el contraespionaje desde 1935, teniendo acceso a mucha información privilegiada, que también le dio poder y prerrogativas. Desde el comienzo de la guerra, se horrorizó por los desmanes del nazismo y coordinó las labores de conspiración contra Hitler, que terminó sospechando algo, pero su encanto personal y popularidad hicieron que Hitler siguiera confiando en su buen criterio y fue quizás una de las pocas personas que llegó a manipular a Hitler (evitó que se forzase a Franco a entrar en la guerra, por ejemplo) y siempre trató de desanimar a Hitler de emprender campañas de castigo. Se rodeó en el marco de sus conspiraciones para quitar a Hitler del poder de muchas personas con relevancia y prestigio en diferentes ámbitos sociales.

   Mi primo segundo Dietrich Bonhoeffer, nieto de Julie Tafel, fue uno de ellos; Dietrich, pastor protestante desde 1925, ya había logrado un merecido prestigio internacional como teólogo, siendo muy crítico con la iglesia, tanto la católica como la protestante, por su apoyo – o al menos no resistencia- al propio Hitler. Tuvo conciencia muy pronto de la peligrosidad de éste y creó la iglesia confesional ya en 1933, opuesta abiertamente al régimen nazi, y se dedicó subrepticiamente a salvar y sacar judíos del país en colaboración con su cuñado Hans von Dohnanyi y su hermana Christine. Tuvo ocasión de viajar por Roma, Suecia, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos, manteniendo contactos de tipo teológico y ecuménico. Volvió de América en uno de los últimos barcos que viajaron a Alemania antes de estallar la guerra; consideró que su labor debía estar allí, pese al riesgo inherente.

    Cuando Hitler se autoproclamó “Führer” = “guía”, Dietrich sacó un panfleto en el que le denominaba “Verführer”, que tiene el doble significado de “seductor” y “tentador”, ésta segunda en clara relación con el Diablo; la indirecta era evidente. Es posible que este “chiste” fuera una razón más para que fueran a por él. En 1939 se unió a la Abwehr de Canaris, junto a varios miembros de su familia: su hermano Klaus, su cuñado Rüdiger Schleicher (¡otra coincidencia!), su hermana Christine y el marido de ésta, Hans von Donanyhi (que formaron una pareja muy activa en la resistencia), así como su tío Paul Von Hase, nada menos que comandante en jefe militar de la ciudad de Berlín entre 1940 y 1944.

 
                                                                                Dietrich Bonhoeffer                 

                                    Hans von Dohnanyi  y Christine Bonhoeffer, en el libro de su resistencia a Hitler                 
 

                                                                                         Klaus Bonhoeffer                                   
 
 
 
                                                                                       Rüdiger Schleicher              
 

 
                                                                                           Paul Von Hase


                  Miembros de mi familia relacionados con la Abwehr y asesinados por Hitler en 1945,
                             a excepción de Christine, cónyuge de Hans, fallecida en 1965.

 

     Evidentemente, Dietrich ya era una persona sospechosa para los nazis y la Gestapo le tenía vigilado.

  Sus ideas teológicas se adelantaron claramente a su tiempo y han tenido gran influencia ecuménica, siendo reconocido por todas las tendencias del cristianismo, tanto liberales como conservadoras. Tenía el don de imbuir su rotunda fe en Jesucristo a sus discípulos y sosegar los espíritus atribulados en momentos difíciles, en particular a sus compañeros de celda.

    Dietrich fue detenido y encarcelado en Abril de 1943 en Berlín y más tarde, tras el atentado a Hitler del 20 Julio de 1944, fue trasladado a comienzos de 1945 al campo de concentración de Buchenwald primero y después al de Flössenburg, donde fue ahorcado al mismo tiempo que Canaris el 9 de Abril. Su paz interior y resignación momentos antes de su muerte fueron extraordinarios, como se contaría después por algunos testigos.

     En el mismo mes de Abril 1945 se fusilaría al resto de sus familiares mencionados, es decir, su hermano Klaus, sus cuñados Hans von Dohnanyi y Rüdiger Schleicher y su tío Paul von Hase.


    Esta reacción visceral de Hitler decidiendo todas esta sentencias de muerte pocos días antes de que él mismo se suicidara, tiene su origen en la pataleta que agarró tras el famoso atentado fallido de Von Stauffenberg, quien ya había coordinado una acción posterior para hacerse con el poder a la muerte de Hitler junto con otros muchos militares de alta graduación y fue fusilado meses antes en 1944. Este hecho se recreó en la película “Valkyrie” con Tom Cruise encarnando al personaje. El título de la peli se corresponde con la palabra clave del complot, evidentemente coordinado con la Abwehr. Otro acusado famoso de pertenecer al complot fue Erwin Rommel, forzado a suicidarse, pese a sus innumerables méritos de guerra y no haberse probado que formara parte de conspiración.
 


 
 
 
 
Von Stauffenberg (sí que tiene un aire a Tom Cruise, ¿verdad?) y la mesa que salvó a Hitler en el atentado.


   El propio Von Stauffenberg colocó la bomba a los pies de Hitler en la Guarida del Lobo en Polonia el 20 de Julio de 1944, pero desafortunadamente alguien la llevó un par de metros más lejos porque estorbaba. Stauffenberg ya tenía organizado que alguien le llamase para poder salir a tiempo; desde lejos vio la explosión y supuso que Hitler había muerto, poniendo en marcha la operación subsiguiente de alzamiento militar y preparar el fin de la guerra de forma pacífica. Lo que había pasado es que la bomba lanzó la pesada mesa contra Hitler y sus dos ayudantes, protegiéndoles y que resultaran sólo con heridas leves.

    Entre la marcha negativa de la guerra en aquél momento y este hecho, cuentan que Hitler se volvió mucho más desquiciado aún de lo que ya estaba.

  ¡Cuánto podría haber cambiado la historia del mundo si la maleta con la bomba hubiese continuado en su sitio! Hubieran sido 10 millones de muertos menos y que mis mencionados familiares hubieran seguido vivos.

   Retrocediendo a los años 30, contaré sucintamente la situación de mis abuelos maternos. Mi abuelo (1878-1947) fue ingeniero jefe de Siemens-Schuckert en Nuremberg; en 1933, los médicos le recomendaron que por una enfermedad bronquial se trasladase a un entorno más conveniente para su salud. Decidió jubilarse con la pensión que le daban en Alemania y trasladarse al Tirol italiano, por cierto en el mismo lugar y balneario de Merano en el que se recuperó Sissi y donde hay una estatua en su recuerdo. Encontró casa no muy lejos, en Bolzano, donde recaló con mi abuela y se llevó a sus dos hijas; una de ellas mi futura madre. Mi tía, hermana gemela de mi madre, se casó un año más tarde con un italiano, por lo que mis primos italianos siguen ahora todos también en Italia, siendo prácticamente la única familia con la que mantengo un estrecho contacto; mi prima mayor, que nació a finales del 1934, cumplirá en este año 80 años en Bolzano.

   Mis abuelos pasaron allí años muy felices, hasta que estalló la guerra, que desde aquél entorno idílico parecía estar muy lejana.


                                        Casa familiar cerca de Bolzano (aún existe)
 
                           
                                Alpes Dolomitas en el Tirol italiano (Fotos de 1934)


     Pero los hados en forma de Hitler lo fastidiaron; éste sacó un decreto-ley en 1940 que todos los pensionistas alemanes viviendo fuera de su país perderían su pensión si no volvían. Difícil decisión, que solamente tenía una salida: volver a Alemania. Probablemente en gran parte por el disgusto, mi abuela falleció el mismo año 1940 de un repentino infarto, por lo que mi abuelo regresó a Alemania solamente con su hija aún soltera (mi madre), que era quien cuidaba entonces de él. Encontró casa en Stuttgart, donde al poco tiempo, en 1943, hubo un bombardeo de la RAF que les dejó sin casa y con lo puesto. Encontraron como realquilados un pequeño ático, en el que trataron de sobrevivir. En aquellas circunstancias es cuando conoció a mi padre ya tras terminar la guerra, en 1945.

    La historia de por qué se encontraba mi padre en Stuttgart en 1945 es mucho más rocambolesca. No entraré en detalles, pero se resume en que siempre estaba en el lugar menos conveniente y en el peor momento. Deja Alemania muy joven tras la IWW y se va a España. Allí le pillan los difíciles años 30 y la Guerra Civil española como alemán. Un buen día paró un camión levantando la mano derecha indicando auto-stop; los soldados del camión -franquistas- le tomaron por tal por el tipo de saludo y le acogieron. Se lo llevaron con ellos (siempre fue bien acogido como alemán) y se pasó toda la guerra en Almorox a la espera de que Franco decidiese marchar sobre Madrid. Acabada la guerra civil, pensó que España era un erial y no se le ocurrió otra cosa que irse a Alemania en 1939 y como alemán; estaba claro que no estaba muy enterado de lo que estaba pasando en aquellos momentos. Allí le reclutaron a la fuerza, le mandaron al frente ruso como castigo, logrando sobrevivir escondiéndose en un pueblo con los caballos que logró llevarse. Se enteró que al finalizar la IIWW, la zona menos conflictiva era la americana – con Stuttgart de capital - y allá que se fue sobreviviendo dando clases de español.

   Allí conoció a mi madre, se casó en 1946 y de ello resulté yo en el 1947. Mi abuelo falleció el mismo año, de resultas de todas las penurias vividas; él me llegó a conocer, pero yo era demasiado pequeño para recordarle. Mi padre pensó de nuevo que Alemania estaba destrozada y con poco futuro y decidió volver a España, que se suponía estaría más recuperada o evolucionada. Craso error; mi madre y yo nos quedamos medio año en el idílico Bolzano, mientras que él intentaba conseguir trabajo. En 1952 nos trasladamos a Madrid y empezó mi vida “española”.

   Fin de la historia.

Ahora llega el momento de las reflexiones.

-        La IWW terminó en 1918. Que exista revanchismo contra los vencidos durante algún tiempo es normal, pero que no se haya hecho borrón y cuenta nueva en 1923 en lugar de tratar de hundir a Alemania, ya no lo es tanto. Eso es caldo de cultivo para personajes como Hitler, que se hubiesen quedado en anécdota en otro caso. Primer posible punto de inflexión.

-        Tras la aparición del Mein Kampf (o su primera parte en 1924), lo que pretendía Hitler estaba clarísimo: cargarse a todo hijo de vecino no ario y hacerse amo del mundo. ¿Por qué no se tomó buena nota desde entonces? Quien avisa…

-        La Gran Depresión del 29 vino al pelo para cualquiera que prometiese “salir de la crisis”. Eso es cierto, pero, ¿se pudieron haber evitado las consecuencias tan funestas para Alemania? Los gobernantes desde luego no supieron dar la talla y luego pasa lo que pasa...

-        La figura menos conocida de Georg Strasser en la derecha alemana podría haber sido una solución; cierto es que era el otro líder nazi, pero claramente más moderado y con más tendencia al socialismo. Más de la mitad de los votos de su partido se los hubiese llevado él; la intentona de mi tocayo canciller hubiera roto el partido nazi y Hitler probablemente hubiese desaparecido del mapa político. Pero Hitler, más despierto, se dio cuenta y el otro se durmió, lo que encima le valió la muerte a tiros, por cierto, por parte de la bestia nazi Heydrich. ¡Y Hitler encima había amenazado con suicidarse si ganaba Strasser, cosa que años más tarde se comprobó que era capaz de hacerlo! ¡Qué oportunidad perdida!

-        Hindenburg tenía el poder, al ser presidente, y encima despreciaba a Hitler. ¿No podría haber hecho algo más desde su posición?

-        Von Papen también podría haberlo evitado, pero se alió con la bestia pensando que podría dominarla de tú a tú (“¡le das la mano y te coge el brazo!”)

-        Es increíble que hubo bastantes atentados contra Hitler, pero ninguno tuvo éxito. El propio Hans von Dohnanyi, quizás el miembro más activo en cuanto a complots contra Hitler de la familia, ya lo intentó en Febrero de 1943 en Smolensk, pero resultó fallido. ¿Podría haber sido la Abwehr más efectiva? El intento de Von Stauffenberg, ya muy tardío, fue el que estuvo más cerca. A partir de ahí, Hitler se cerró en su caracola… ya era tarde.

      Corolario: debemos aprender de la historia, de sus caminos torcidos y de los flashes de aviso. Las situaciones se suelen repetir y de hecho ya ha sucedido, pero afortunadamente el entorno es distinto con un mundo mucho más globalizado e informado.

    ¿Qué hubiera pasado si en cualquiera de los innumerables puntos de inflexión de la historia se hubiera podido dar un pequeño golpe de timón? ¡Cuánto daño se hubiese evitado!

     Y en mi familia, ¡quién sabe si mis primos lejanos los Bonhoeffer hubiesen podido continuar viviendo en lugar de ser vilmente asesinados todavía muy jóvenes!

   Por otra parte, si mi abuelo y mi madre no hubieran tenido que volver a un país en guerra, a lo mejor yo hoy sería italiano, o alemán, ¡o no haber nacido siquiera! Sería curioso pensar que le debo la existencia a Hitler, pero tampoco creo que se lo tenga que agradecer… y menos teniendo en cuenta que en mi familia ya suman 5 asesinados por él (sin contar con mi tocayo canciller, que vaya uno a saber si era en verdad de mi familia también) y otros –mis abuelos-  que al final también les costó la vida, aparte de perder sus bienes en la guerra, como hemos visto.

   ¡A ver si va a resultar que este artículo se debe a Hitler!

 

KS, Agosto 2014

 

  


jueves, 17 de julio de 2014

Tras las huellas del P. Mindán

 Tras las huellas del P. Mindán… por Kurt Schleicher
 
    Don Manuel Mindán y Calanda. No es que se apellide así (al estilo Francisco Pi y Margall), sino Manuel Mindán Manero y sus huellas las encontré en Calanda  (Aragón, Teruel). Allí vio la primera luz el 12 de Diciembre de 1902, a menos de 100 metros de la casa natal de Luis Buñuel, dos años mayor que él y amigo de la infancia. Buscando al uno encontré el rastro del otro, nuestro P. Mindán del Ramiro.
    Una matización sobre lo del “Don” y lo de “Padre” para lo que sigue; resulta que fue clérigo secular y por ello le correspondía el título de Don, pues el de Padre se reservaba al clero regular (ej., los frailes); sin embargo, todo el mundo le conoce como “Padre Mindán”, más cercano. También se le podría llamar “Mosén” (Mosén Mindán desde luego suena algo extraño), pues resulta que este título está asociado de alguna forma a los aragoneses y Mindán lo era.

   Me tropecé con las huellas del Padre Mindán por pura casualidad; veamos por qué. Yo simplemente me dirigía por motivos turísticos a Alcañiz procedente de Teruel. ¿Por qué Teruel? Pues porque en alguna ocasión vamos, en especial en verano, por el reconocido sano y fresquito clima en Julio que lo hace más llevadero y sin perder el ambientazo tradicional durante las fiestas del Ángel con cierto sabor a los sanfermines. La verdad es que debe ser la capital más pequeña de España (“¿Teruel existe?”) y tiene un marcado acento mudéjar; quizás sea más conocido Albarracín que el propio Teruel. Menos conocido es el Maestrazgo, con lugares pintorescos e  impresionantes como pueda ser Villarluengo con los Órganos de Montoro, Alcalá de la Selva, Rubielos de Mora y su capicúa, Mora de Rubielos, la comarca de Javalambre, La Iglesuela del Cid y otros muchos que ya no cito por no cansar. Uno de ellos es la Gruta de Cristal, que vi hará ya unos 15 años y que me impactó por su espectacular contenido que le da el nombre y decidí que era el momento indicado para volver. Me costó encontrar el lugar, cerca de un pequeño y recoleto pueblo llamado Molinos. Al consultar el mapa, resulta que estaba relativamente lejos de Teruel pero ya muy cerca de Alcañiz, (a 150 km. de Teruel), localidad que nunca había llegado a visitar y que prometía ser interesante. Decisión, pues: excursión a Alcañiz, pasando por la Gruta de Cristal, de la que no me resisto a mostrar alguna foto, más auto-explicativa de lo que pueda contar. Dado que la Gruta se visita con guía, se nos hizo tarde y ya comimos en el mencionado pueblecín, que solamente consta de dos restaurantes, lo que facilitaba la elección. Sin entrar en detalles, comimos bien “de pueblo”, cosa que tampoco deja de ser una experiencia.


                                                                                         Gruta de Cristal


    Después del yantar, al objetivo, que ya no estaba muy lejos: Alcañiz. De camino y ya muy cerca, pasamos por Calanda. ¡Hombre, la Calanda de Luis Buñuel! (y de alguien más, que no recordaba en ese momento). Decidí que no podía detenerme allí y que trataría de hacerlo a la vuelta; tampoco vi ningún cartel en la carretera que hiciera referencia a la casa de Luis Buñuel, cosa que me extrañó, de forma que había que salirse de la ruta y buscarlo por el centro histórico a pedal; no tenía tiempo para eso en aquél momento.

    Alcañiz me sorprendió agradablemente, con su iglesia de Santa María, imponente con sus cuatro torres, estando muy cerca su castillo, en parte Parador, dominando ambos claramente la ciudad. Como es natural, había que dedicar a su visita el suficiente tiempo para saborear estos monumentos.

                                                                             Iglesia de Santa María (Alcañiz)




                                                                               Plaza de España


                                                                                 Castillo de Alcañiz y Parador


    A mí me seguía quedando la comezón de Calanda, de forma que tuvimos que renunciar a visitar Alcañiz con más detenimiento y salir antes de que se hiciera todavía más tarde en dirección a esta población, a ver qué había de Luis Buñuel.  Aprovechamos para visitar la iglesia del Pilar que domina la ciudad y la de la Esperanza, enfrente del Ayuntamiento. 

                                                         Ayuntamiento e Iglesia de Nª Sª de la Esperanza (Calanda)


                                                                   Interior de la Iglesia de Nª Sª de la Esperanza


    Ni rastro de ninguna casa de Luis Buñuel, de forma que tras preguntar a una simpática agente de la Guardia Civil, ésta nos dirigió al Centro Buñuel (allí por fin apareció un magnífico busto del cineasta), donde ya estaban a punto de cerrar o al menos sin  tiempo para verlo detenidamente, por lo que nos quedamos en la información charlando con la persona a cargo, una aragonesa de pro. 

                                                           Busto de Luis Buñuel en el Centro que lleva su nombre


    En el transcurso de la conversación, mi mirada cayó casualmente en un panel con varios libros expuestos, que NO eran de Buñuel, sino de un tal Mindán. Escalofrío y sorpresa: ¡Claro! ¡Eso era! ¡Mindán, que era también de Calanda! Con la emoción a flor de piel, pregunté a la buena señora que si Mindán era conocido por allí.  ¡Pues nada menos que hijo predilecto de la Villa, que ella misma lo había conocido, que tenía allí incluso una Fundación y una placa en su casa natal (si no se había caído, según sus palabras)! Evidentemente, allí ya no se habló más de Buñuel, sino de Mindán. Que era un hombre de carácter y muy apreciado por allí, que había seguido viniendo religiosamente (nunca mejor dicho) con frecuencia acompañado por sus dos hermanas, que dónde estaba su casa natal, alguna anécdota, etc. Como es natural, le dije que había sido alumno suyo dos años entre el 1963 y 64; tampoco pude resistirme a dejarle una caricatura similar a alguna que le hice en nuestros tiempos con gran alborozo de la buena señora, que de repente se dio cuenta de lo tarde que era y que ya había sobrepasado casi media hora la de cierra del Centro, por lo que tuvimos que interrumpir la agradable conversación.

                                    Caricatura del P. Mindán que acabo de hacer, recordando los viejos tiempos…
    
    
      Antes de cerrar, me llevé un libro de los muchos que había allí, el dedicado a su centenario, que se celebró en Calanda en Diciembre de 2002, libro homenaje y testimonio de muchos personajes, amigos y sobre todo alumnos, la mayoría del Ramiro de Maeztu, pero de promociones  anteriores a la nuestra en su mayor parte. Creo que ahí estaban la mayoría de sus obras y ahora lamento no haberme llevado algún ejemplar más… ¡me los tenía que haber llevado todos! También estaba el de la “Historia del Instituto Ramiro de Maeztu” (no lo compré porque ya tengo una copia digital del mismo). Lo comento también porque si alguien pasara cerca de Alcañiz, recomiendo encarecidamente que se acerque por Calanda en el Centro Buñuel y eche una ojeada a todo lo que hay allí de nuestro P. Mindán.

   Evidentemente, con las indicaciones de las respectivas casas natales de Buñuel y Mindán, recorrimos la calle Mayor desde el Centro Buñuel, y, efectivamente, en una placita a mitad de la calle encima de un banco, se conserva la casa natal de Buñuel; ésta no es en la que vivió después, enfrente de la iglesia del Pilar y que también se conserva. De la plazuela salen dos callecitas; recorriendo una de ellas, la de Jesús, a menos de cien metros me encontré con una casa antigua encajada entre otras, muy sencilla, de tres pisos, una ventana por cada uno de ellos, en la que estaba la placa indicando que era la casa natal de D Manuel Mindán (ver foto). Incluso hablamos con los residentes actuales, que no tienen nada que ver con la familia. Tampoco creo que fuese aquí donde pasaba D. Manuel sus visitas ocasionales a Calanda, pero alguna vez seguro que se acercaría para recordar su primera niñez. No es raro que de niños jugase con Luis Buñuel y que se desarrollase cierta amistad, pues repito que ambas casas están a menos de 100 metros. De pequeño le llamaban “Mindancico”. Cuentan que su vocación sacerdotal - y también la docente-  proviene de su cercanía a la Virgen del Pilar, a la que tenía mucho fervor y a quien consultaba sus decisiones de niño.

                                                                               Casa natal de Luis Buñuel (Calanda)


                                            Casa natal de Manuel Mindán; a la vuelta de la esquina está la de Buñuel.



                                                              Placa conmemorativa



                                                                      La Virgen del Pilar del P. Mindán

                                                                             Iglesia de Nª Sª del Pilar (Calanda)


      Tras esto ya abandonamos Calanda y volvimos a Teruel, pensando que probablemente todos estos lugares – Alcañiz, la Gruta de Cristal-  los habría recorrido también en su momento nuestro P. Mindán, aparte de Calanda, naturalmente.

    Al día siguiente me tragué el libro-homenaje de una sentada, del que aprendí muchas cosas que no sabía de D. Manuel Mindán; tanto, que volví a leer –esta vez con más detenimiento- su libro de la Historia del Ramiro (que realmente lo usé anteriormente sólo como consulta para la semblanza de Luis Ortiz Muñoz). De este empapamiento súbito me han venido las ganas irrefrenables de escribir algo sobre él, en especial tras las impresiones y vivencias que me han dejado ambos libros.

     Recuerdo que sentía cierta timidez al hablar con él debido a la sotana, pero del poco trato personal que mantuve sé que de cerca me resultó mucho más amable y cercano que la impresión que me daba en sus clases, que me producían una extraña mezcla de temor e interés. Lo que estaba claro es que nadie podría dormirse en ellas; había que estar muy atentos, pues de vez en cuando hacía preguntas-sorpresa intempestivas. La verdad es que los temas resultaban interesantes, por lo que suponían de acercamiento de la filosofía clásica (aristotélica y tomista en especial, sin olvidar a Descartes) a nuestra cotidianeidad y al despertar de nuestras juveniles e imberbes conciencias a preguntas trascendentes que nos hacíamos alguna vez; allí teníamos el campo abonado para ello y a alguien capaz de responderlas
.
   Tenemos ya en el blog una buena semblanza de nuestro Pater Mindán escrita por Manolo Rincón, que sí tuvo la suerte de mantener algún contacto más directo con él e incluso haber estado en el homenaje que se le tributó en el Ramiro el 31 de Enero del 2000. Por lo tanto, trataré de no repetirme para evitar duplicidades, aunque confieso que me hubiera gustado llevarme el libro de “Testigo de 90 años de historia” y que, en boca del propio Mindán, constituye la primera parte de su vida hasta 1942; desde ése año la Historia del Ramiro trata de la segunda. ¡Cuántas cosas es capaz de contarnos  un centenario con una memoria privilegiada como la suya! Hay que hacer notar que la primera parte data de 1995 (y de 1992 “Recuerdos de mi niñez”) y que la segunda, la del Ramiro, la terminó en 2001, ya con limitaciones de vista (tenía que buscar documentos con lupa) y con ayuda, pero con la memoria intacta.

   Un día se me ocurrió que escribir tenía mucho que ver con la pintura: te enfrentas a un lienzo en blanco y tienes que llenarlo de pinceladas de forma que te guste el resultado y sobre todo, que le pueda gustar a los demás. Ni pocas ni demasiadas pinceladas; si para este cuadro escrito de Mindán y sus huellas me sale alguna pincelada fuera del cuadro, pido disculpas de antemano.

   Hablando de cuadros, lo primero es mostrar una fotografía de D. Manuel cuando cumplió los 100 años, en la que se le ve que su mirada seguía siendo admirablemente lúcida. ¡Quién pillara 100 años así! Bueno, ya estaba algo más encorvado (¡sin segunda intención, eh!), pero bien podría pasar por un hombre de 30 años menos. ¡Vaya naturaleza!

                                                                        D. Manuel Mindán, en su centenario


  Ya que estamos de representaciones gráficas, veamos el emblema o escudo y el exlibris que el propio Mindán había preparado de sí mismo y que se supone que le define en cuanto a lo que era o lo que pretendía ser y que le sirvió de guía en su vida y que en cierta forma también son sus “huellas”. Tomo como base para ello las palabras que pronunció el propio Mindán en el acto del homenaje que le tributó su pueblo natal de Calanda el 22 de noviembre de 1992, ya casi con 90 años, cuando se le nombró Hijo Predilecto de la Villa.

                                                                            Escudo


  Ocupando todo el escudo está la Cruz, como señal del Cristianismo centro de su vida y ocupándola por entero. En el centro de la Cruz está la “M”, “tripitida” en su nombre, significando su compromiso como sacerdote y seguidor de Jesucristo. En los cuatro campos que deja la Cruz, hay 4 letras que son las que marcan su vida:
-        Primero, la V de verdad. Estaba obsesionado con la verdad; decía que “un conocimiento que no sea verdadero, no es conocimiento”. Estaba preocupado por su propia verdad y se preocupaba por una verdad que fuese verdad para todos, cosa que debía constituir su leit motiv en la docencia de la filosofía. (Pienso que ésta era la razón de que fuese tan poco dogmático). Se dio cuenta de que además de la verdad objetiva (la de la Ciencia), existe una verdad personal (ideas, creencias y sentimientos) que dirige nuestras decisiones, por las que se vive y hasta se puede llegar a perder por defender a aquélla. Se propuso que en su vida lucharía contra los enemigos de la verdad: la ignorancia, la duda, el error, la hipocresía y la mentira. (Por cierto, por defender esto, casi le matan en la Guerra Civil).
-        La segunda es la J de justicia. Como profesor que fue, esta letra significaba su deseo de absoluto rigor en la distribución de calificaciones en función de lo aprendido y demostrado, cosa que seguramente le costó algún que otro dolor de cabeza.
-        En tercer lugar la A de amor, que va más allá de la verdad y la justicia. Si el amor es “de verdad”, es el gran motor que produce todo lo bueno que se hace en el mundo. El amor al que se refiere especialmente es al procedente de la riqueza personal, entregar y dar lo que puede convenir a los demás y que les pudiera hacer felices (en cierta forma es la base de la solidaridad humana). En cuanto al otro amor, más ligado a los deseos o apetencias propias, siempre se  mostró muy indulgente.
-        Por último, la L de libertad, como principio de toda autenticidad y responsabilidad y que procede de la reflexión racional, debe ser respetuosa con la libertad de otros y estar encauzada por la ley. ¡Qué buena definición! Sólo le faltó como raíz impulsiva de la libertad unir la letra L con la V, como queriendo decir: “la verdad os hará libres” (del evangelio).

                                                                     Ex-libris

 Veamos ahora el “Exlibris” como concepción de su propia vida; debajo aparece su propio nombre, como “Emmanuel Mindán”, cosa que no explicó (quizás se refiriese indirectamente a una cierta admiración por Emmanuel Kant ¿?). El lema que figura es “Bene vixit qui bene latuit” = “Bien vivió el que bien supo retirarse” (¡esta reflexión pudiera servir muy bien a los de nuestra Promoción 64!). Aquí se refiere a un dicho de un clásico español: “un ángulo me basta entre mis lares, un libro y un amigo”, que se supone es el dibujo alusivo de un monje en la celda, rodeado de libros (¿el amigo?), la Cruz, la imagen de la Virgen María como amparo, una lámpara como luz de la razón, unas flores como naturaleza viva, la nocturnidad en la ventana como señal de persistencia en el trabajo y el búho, que representa la Filosofía, en la que se consideraba sencillamente “un especialista”.
  En su alocución en el homenaje, dejó claro que había pretendido organizar su vida con arreglo a esos ideales y concepción, tratando de hacer el bien en la medida de lo posible y pidiendo perdón en lo que hubiese fallado.

   Hablando de su vida, su infancia en Calanda está retratada en su libro “Recuerdos de mi niñez”, comprendiendo los 15 primeros años del siglo XX. Era hijo de un tejedor en el seno de una modesta familia de varios hermanos. Aparecen sus recuerdos, sus primeros amigos, destacando Luis Buñuel al que dedica 8 páginas, sus vivencias en el Seminario de Belchite en 1914 y su regreso a Calanda en 1915. En el otro libro, el de “Testigo de 90 años de historia”, recorre esta segunda  parte de su vida hasta 1939 narrando su estancia en los seminarios de Belchite y Zaragoza (allí coincidió con el fundador del Opus, Monseñor Escrivá de Balaguer, con el que al parecer no coincidía en muchas cosas y alguna vez chocaron), el inicio de su actividad sacerdotal desde 1925 en Luna, los estudios civiles en la Universidad de Zaragoza (donde cursó la carrera de historia) hasta su venida a Madrid para estudiar Filosofía, el comienzo de la guerra civil, su encarcelamiento y su liberación final. Son muy interesantes los juicios que emite D. Manuel sobre esta importante parte de nuestra historia de la que fue testigo en relación con la república y la dictadura. Es curioso resaltar que sin perder un ápice de su compromiso religioso y sacerdotal en tiempos difíciles, militó temporalmente hasta en el sindicalismo anarquista de la CNT (fue uno de los fundadores del sindicato de enseñanza) y hasta sale en alguna foto con el uniforme de miliciano de la cultura, con el que fue detenido en 1937. Estuvo también en grave riesgo de que lo mataran, pues siempre dio la cara mostrando honesta y abiertamente sus creencias, algo bastante peligroso en aquellos tiempos.

   Dejando esta oscura época aparte, lo interesante es su relación directa con filósofos de la época, primero durante su estancia en Zaragoza con Gaos y ya desde el curso 1934/35 en la Facultad de Filosofía y Letras con Ortega, Morente, Zubiri, Gil Fagoaga, Zaragüeta, Besteiro y Aznar; con todos esos maestros, no es de extrañar su extraordinaria formación filosófica en perfecta convivencia sin embargo con la tradición clásica recibida en el seminario. Me figuro que estos antecedentes, unidos a su fervor por la verdad, han marcado su carácter en una continuada búsqueda de la misma, así como su tercera vocación – la docencia- para impartir su conocimiento a sus alumnos. Probablemente, esta apertura de ideas con una filosofía realista abierta a la modernidad contrastando con el dogmatismo imperante en la postguerra, le costó que se le negase la cátedra en la Universidad, dando clase allí como profesor solamente. También lo hizo en la Escuela Superior de Ingenieros de Caminos, por lo que no solamente se rodeó de alumnos “de letras”. También dio clases como catedrático en un Instituto de Ávila.

   Llegamos así a la tercera parte de su vida, marcada por el instituto Ramiro de Maeztu, en el que sí entró como catedrático -¡faltaría más!- en 1941 y estaría hasta su jubilación en 1973, a lo que hay que añadir unos cuantos años más como Rector de la Residencia de Estudiantes, hasta 1984. Es curioso resaltar que vino de la mano de Luis Ortiz Muñoz, que se lo trajo al Ramiro contra la opinión del propio Ministro de Educación de entonces, Ibáñez Martín (que ya tenía otro candidato), probablemente por esos mismos antecedentes (lo cuenta el propio Mindán en su libro). Este hecho fue fundamental, en mi opinión, para que el Ramiro estuviera dotado de su especial carácter en aquella época, destacando el que no fuera clasista (se aceptaba por igual a hijos de obreros que a los de los ministros, a católicos y no católicos (protestantes y musulmanes) y que se recibiese una educación integral (intelectual, física, de manualidades (los talleres) y de sensibilidad (música), probablemente algo único en estos aspectos frente a los otros cinco institutos creados entonces. En mi opinión, esto se lo debemos a los tres profesores más carismáticos del Ramiro, Antonio Magariños, Jaime Oliver y el propio Mindán, apoyados por nuestro sempiterno director Luis Ortiz Muñoz, quien seguramente también ha tenido mucho que ver con que los otros dos entrasen también en el Ramiro. Mindán siempre estuvo muy orgulloso de haber sabido mantener cierta independencia de las influencias políticas de la época, estirando la cuerda al límite. Igual que hay cuatro patas para sostener óptimamente un banco, estos cuatro irrepetibles profesores fueron clave para que el Ramiro fuese realmente modélico.

  Además de catedrático de filosofía, ejerció otros muchos cargos: Secretario, miembro de la Junta Pedagógica, Jefe del servicio Psicopedagógico (y por ende consejero vocacional de los alumnos…), Catedrático Tutor de la Escuela de Formación del profesorado, asesor de la Dirección y hasta Rector de la Residencia de Estudiantes tras la muerte de Magariños.

   La jubilación del Ramiro del P. Mindán en 1973 no fue realmente tal, pues continuó impertérrito sus actividades docentes en el C.E.U. hasta los 86 años. Época muy fecunda también, ya en la Democracia del 78, manteniendo su carácter fuerte y resolutivo sin temor a ser confundido por “adicto al Régimen” y ganándose el respeto de sus alumnos.

“Foto de escalinata” con los invitados en el acto de la jubilación del P. Mindán en el Ramiro de Maeztu, en 1973. Se distingue con cierta dificultad a varios, a José Navarro Latorre, a Pedro Dellmans y con muletas a Luis Ortiz Muñoz, que se jubilaría también año y medio más tarde y fallecería poco después.


     Así entramos en la cuarta época de su vida, ya nonagenario y hasta centenario, en la que tampoco podía pararse y se dedicó a escribir la mayoría de sus libros (del 1991 al 2001), sin contar con la multitud de artículos que también nos ha dejado y que ya no cito, si acaso, señalar que fundó la “Revista de Filosofía” del C.S.I.C. y que fue cofundador (y secretario) del Instituto “Luis Vives” de Filosofía.
o   Andrés Piquer
o   Recuerdos de mi niñez
o   Personalidad filosófica de José Gaos
o   Testigo de 90 años de historia
o   Conocimiento, verdad y libertad
o   Historia del instituto Ramiro de Maeztu

  El 31 de Enero del 2000 se celebró un acto muy especial en la sala de Música del Instituto Ramiro de Maeztu con ocasión de la concesión al P. Mindán de la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio. Por cierto, era poseedor de algunas distinciones más a lo largo de su vida, entre las que destaco un Premio Nacional, la Cruz de S. Jorge en Teruel y la Medalla de oro al Mérito del Trabajo.

    En cuanto a su carácter, desde luego que a nadie le ha dejado indiferente. Para unos, fue un personaje seco, huraño, distante y hasta vanidoso; quizás fuera algo de todo eso, pero los que le han conocido un poco más de cerca cuentan que no le hace justicia; gran conversador, amante de la buena vida sin ostentaciones, trato cálido con el interlocutor, dejando a éste la iniciativa del modo en el trato y con afabilidad contenida, también son características suyas. No era amigo de crear conflictos, pero siempre entraba al trapo cuando decidía que era preciso hacerlo.
    (Es probable que haya una gran diversidad de opiniones sobre estos aspectos de su carácter, lo que le convierten en un personaje controvertido).

   En cuanto a su estilo de docencia, lo primero que hay que destacar es la claridad expositiva, muy de alabar en una disciplina como es la Filosofía.Es evidente que irradiaba un respeto imponente a sus alumnos, a los que siempre pretendía calificar con absoluto rigor y justicia, a la vez que se preocupaba por la personalidad del propio alumno, aunque esto lo hacía más con sus “elegidos”. Alguien dijo de él algo que me parece muy acertado: “Maestro de vida”.
    Por otra parte, los sentimientos producidos por sus clases van desde el terror a la admiración; se le podría catalogar de “hueso”, pero eso sucede con la mayoría de los profesores que se preocupan realmente de la formación del alumno. Si él se exige a sí mismo, también les exige a ellos. Afable y cercano en las cortas distancias y seco y duro en las largas… En cualquier caso, siempre pretendía sacar petróleo de cualquier alumno y que éste fuera capaz de desarrollar su pensamiento e inquietudes; lo que sucede es que no todos son iguales y yendo con un cero por delante o con exámenes sorpresivos, tanto orales como escritos, no todos reaccionan igual.

    Anécdotas seguramente hay muchas. Ahí van algunas que hacen entrever su carácter y modo de pensar:  

       En cierta ocasión, en el Ramiro,  no se sabía el aula en que se celebraría el examen final. Para informar de ello, Mindán convocó a los alumnos “en la Plaza del caballo”, evidentemente la del Caudillo. Se dio la circunstancia que en aquella Promoción estaba un hijo de un ministro de Franco, quien protestó atropelladamente por este a su parecer desprecio al insigne Jefe del Estado. Don Manuel, sin perder la calma y con una leve sonrisa beatífica, recordó una serie de reglas de la lógica que él mismo había enseñado en su clase, reiterando que la mejor forma de señalar inequívocamente el lugar para una cita era por referencia al elemento de mayor tamaño, que evidentemente era el caballo y no el ilustre jinete…
       En otra ocasión, al explicar la Teoría del Conocimiento, se trataba de aclarar las razones por las que se podría aceptar legítimamente que algo en nuestro conocer es evidente y puede crear un tranquilizador estado espiritual, que es la certeza. Si esto no fuese cierto, la duda epistemológica nos podría llevar a un estado de angustia imponente. Ilustrando este fenómeno cognoscitivo, D. Manuel juntaba las manos alrededor de su propio cuello como si alguien quisiera ahogarle y lo hizo con tal realismo que un alumno no pudo evitar soltar una sonora carcajada. En lugar de expulsarle por falta de respeto, lo que hizo fue soltar otro estallido de risa al verse a sí mismo de esa guisa, con lo que se contagió el resto de la clase. La verdad es que esto no era muy habitual, pero…
       Desconozco su reacción el día que le avisaron que tenía que ir urgentemente a otro lugar y salió de la clase con sotana al viento diciendo “Voy volando…”, origen probable de su bien conocido epíteto relacionado con cierta oscura ave voladora, al tener en cuenta su marcado perfil.
       Para él no había tabúes. En cierta ocasión –en los años 50 - le preguntaron por la licitud moral del método del control de concepción natural de Ogino-Knaus. Casi nadie había oído hablar de ello por entonces, pero sonaba “un poco fuerte”. Respuesta de Mindán: clara exposición del ciclo biológico de la fertilidad humana y de las posibilidades de programar la contraconcepción natural, defendiendo la licitud ética de la utilización del método, legitimado encima por su condición de sacerdote. Se deduce de esta anécdota que realmente fue un adelantado a su tiempo, igual que el día que dijo que para dedicarse a la Filosofía había que tener resuelto el problema económico y también el sexual…
       En 1966 tuvo un accidente de coche (no fue el único) por el que casi se mata, al bajar un puerto de montaña en línea recta y sin usar las ruedas. Afortunadamente salió con bien tras serias dificultades.
       Un médico le pronosticó siendo todavía joven, cuando se peleaba con una enfermedad pulmonar, que su vida sería corta si no tomaba medidas. Debido a esto, se aficionó a paseos por la montaña, manteniendo una buena forma física hasta bastante mayor. Habiendo llegado a centenario, parece claro que el médico no estuvo muy acertado.

   D. Manuel falleció tras cumplir 103 años. Descanse, pues, en paz un profesor extraordinario  a la vez que controvertido, al que seguramente debemos mucho todos los del Ramiro.



KS, Julio 2014